"El yin y el yang, son los símbolos representativos de la complementación
de los polos opuestos y del equilibrio entre el hombre y la mujer"

La mitología desde siempre ha sido ilustrativa sobre los acontecimientos que se hacen presentes en la vida de los pueblos o de las personas y que abarcan desde aquellos que van desde los de gran trascendencia, hasta los más insignificantes, sin embargo, su interpretación constituye todo un arte del que diestros y hábiles fueron todos los pueblos antes de que la palabra escrita tomara vuelo como hoy se aprecia. Entre estos relatos existe uno relacionado con el matrimonio, que lo hace ver, no solo como un vínculo comercial, cultural o de carácter religioso, sino como una unión cósmica y espiritual tal cual se aprecia en la mitología griega en donde existió un dios que fue quien precisamente abrió las puertas para el matrimonio; Himeneo era su nombre, y la historia relata que comandaba todas las celebraciones nupciales; su nombre era sinónimo de la formalización de una unión romántica entre dos personas y cuando se celebraba una boda, se entonaban diversos cánticos en su honor y además se repetía en forma reiterativa y a modo de estribillo su nombre: "¡Himeneo! ¡Himeneo!".

En ese entonces, era muy normal que todos los detalles de la boda y especialmente las acciones que la precedían poseyeran múltiples significados y estuviesen llenas de una rica pero a la vez profunda simbología, con múltiples detalles entre los que sobresale el cuidado que tenían de no sacar la hiel de las entrañas de los animales sacrificados para la celebración, con el fin de reflejar simbólicamente que los esposos estarían en condiciones de lograr un mayor dominio sobre ellos mismos e impedir que lo más oscuro de sus pensamientos y por ende de sus palabras pudiera salir a la luz y afectara la concordia y la paz en el hogar; era como contar con una energía espiritual que regulara su relación.
Himeneo fue representado por medio de un bello joven vestido elegantemente y con una corona de rosas (símbolo del amor verdadero), flores de arrayán, portando una antorcha en su mano derecha (fuego de la pasión amorosa) y un velo en la mano izquierda (el pudor y la castidad) y una flauta.

Himeneo se consideró durante varios cientos de años como el dios que precedía el cortejo nupcial.

La leyenda original se refiere a Himeneo como un joven ateniense de extraordinaria belleza, hasta el punto de ser tomado frecuentemente por una muchacha. A pesar de su condición modesta, amaba a una joven noble de Atenas y desesperando de no llegar jamás casarse con ella, se limitaba a seguirla de lejos a donde quiera que ella fuese, como la única satisfacción que podía dar a su amor. Un día en que las doncellas de la nobleza habían ido a Eleusis a ofrecer un sacrificio a Deméter, sucedió una incursión de piratas; éstos las raptaron a todas, y se llevaron también a Himeneo, al que confundieron con una mujer. Después de una larga travesía, los piratas llegaron a una costa desierta, donde, fatigados, se durmieron. Durante su sueño, Himeneo les dio muerte, dejó a las muchachas en lugar seguro y regresó solo a Atenas, ofreciéndose a restituir a las jóvenes con la condición de que le fuese otorgada la mano de la que amaba. Aceptada la proposición, las doncellas fueron reintegradas a sus familias. En memoria de esta hazaña se invoca en las bodas, como de buen augurio, el nombre de Himeneo.

Ante estos hechos, es posible percibir que cada acción humana está correspondida con un principio espiritual o con una energía inteligente, que es la reguladora de cada situación a ser vivida, como ocurre en el caso del matrimonio que está correspondido con este mitológico personaje. Lo cierto es que con el paso de los años la boda se instauró como un medio eficaz para contar con la anuencia Divina y con un soporte espiritual.

Categoría: El amor y los astros   Publicado: Martes, 07 Octubre 2014 17:05  Visto: 1653 Tags: Imprimir

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