"La Luna ha sido promotora de la vida y símbolo de la fertilidad 
vegetal, animal y humana, en todas las culturas.
En el pasado no sólo se consideraron sus presiones físicas,
sino también sus reflejos sutiles y las energías intangibles que movilizaba"

En Medio Oriente, el solsticio de invierno se considera como una temporada en la que las fuerzas propias del invierno se hacen manifiestas, lo que se convierte en el augurio de una temporada en la cual, las tinieblas o la oscuridad habrían de prevalecer. Lo que ellos interpretaron como la presencia de energías contrarias a la vida ya que como es obvio en el tiempo invernal, la actividad vegetal y animal se reduce a la mínima expresión, razón por la cual emplearon el término “espíritus malignos” para referirse a la presencia de un entorno atmosférico proclive a la muerte, dando pie así al surgimiento de múltiples mecanismos con el fin de tratar de mantener la vida y de tratar de asegurar la presencia del sol para los tiempos venideros. Es por esa razón que se valieron de una infinidad de mecanismos con el fin de atraer esa energía lumínica, lo que condujo al surgimiento de mitos, rituales y técnicas de toda índole con el fin de atraer esa magnífica energía que el sol representa.


Cabe señalar que los festejos propios de solsticios y equinoccios hacen parte de celebraciones tan antiguas como la misma humanidad, ya que inicialmente cuando se apreciaba la presencia de un entorno atmosférico carente de luz, tenían la convicción que el sol lo más probable es que no volviera a su esplendor total, ya que se observaba hasta el 21 de diciembre que cada día disminuía en su luminosidad hasta que sus rayos se tornaban frágiles y el tiempo de claridad disminuía en su duración pero al contrario las noches aumentaban significativamente su tiempo. Por ello se valieron de múltiples celebraciones con el propósito de movilizar una serie de energías con el fin de ayudarle al sol a renovar su energía y de retomar los acuerdos para que la luz y la vida se preservaran.


Hay que tener en cuenta que para estos antiguos pobladores de la tierra las montañas eran un referente de todo aquello que significaba el inicio y el término del día ya que era precisamente por allí donde salía y se ocultaba el astro rey. Así que para esta temporada de invierno se disponían a encender fogatas en las montañas con el propósito de evocar una energía mágica y milagrosa tendiente a atraer los rayos del sol y a conminar su presencia para los tiempos venideros.


Igualmente mucho antes del cristianismo se organizaban largas procesiones en las que participaban casi todos los habitantes quienes avanzaban con antorchas y además de eso echaban a andar ruedas ardiendo colinas abajo y a través de los campos. Igualmente era usual en estos tiempos la presencia de bailes rituales alrededor del fuego no solamente para purificarse, sino para protegerse de las influencias negativas que el invierno traería, como eran las enfermedades entre muchas otras.

Categoría: La Luna   Publicado: Jueves, 18 Diciembre 2014 17:14  Visto: 2872 Tags: Imprimir

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